Thursday, April 05, 2007

Enrique y Carolina

Ahora las calles despedían el aroma lavanda; quizá era sólo un efecto de la frescura matutina o la mirada de Carolina sobre la ventana. Las sábanas se habían tragado el tiempo. Enrique decidió cerrar la puerta y Carolina seguir mirando la fotografía.

Carolina se pierde en el momento que captura la imagen, como cada mañana, como si fuera un ritual para probar su inocencia. Para ese entonces, que no fue hace mucho, Enrique no se había sumido en el silencio que para esta mañana ya le había restado diez más de esos Te adoro. El recuerdo era perturbado por la impertinente pregunta: ¿Por qué Enrique se habría sumergido en aquel silencio?, por ella o por Blanca. Sería una respuesta que le llegaría esa misma tarde, y Carolina ni lo sospechaba lo cual fue idóneo para su salud mental.

De repente Juan llega interrumpiendo el recuerdo para que no siguiera sufriendo. Para, no te hagas eso Carolina, para. Fueron las palabras consoladoras del hermanastro de Enrique. Lo que Juan no sabe es que aunque la tire o la queme, esa fotografía queda pegada en su cabeza. El monólogo de Juan la desconcentraba con desesperación, así que Carolina guardó la nostalgia para horas más discretas; abrió y cerró la puerta sin hablar, como imitando a Enrique.
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Blanca; hasta miedo le produce pronunciar su nombre, es como invocar la reprimenda de Enrique. Carolina no encuentra coherencia al odio que le produce Blanca, pero desde pequeña responde a la justicia, por lo que todo es apropiado.
Y es que Enrique desparramó los recuerdos de Blanca hasta en los más mínimos detalles, nunca fue intención de ella conocerla, ni mucho menos saber sobre ella.
Todo eso y un poco más, le ha repetido cabalmente su memoria por más de seis días.
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¿Qué haces? Pregunta Carolina a Enrique, pretendiendo una respuesta pues Juan ocupaba el último asiento del gran comedor de catorce personas donde sólo almuerzan tres. Lo único que llegó a ella fue la misma mirada de reproche, pero ya estaba acostumbrada así que insistió unas seis veces más. Juan se mantenía al margen, se limitaba a producir el sonido de su tenedor entre la carne. Al sexto intento un seco y radical Basta ya marca el fin del almuerzo, Carolina voltea la mirada hacia Juan que la conoce desde hace lo suficiente y con voz entrecortada le dice: por favor, ayúdame a recuperar mi esencia.
Juan descubre al observar con su paciencia característica en cada uno de estos actos a una mujer; mezcla de humildad y arrogancia, mezcla de sufrimiento y dominio dando la impresión de estar herida y de ser todopoderosa. Para ése discreto y tímido médico de profesión, ese es el origen de la desplayante fuerza de Carolina.
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Respondiendo a la petición de Carolina, Juan la encamina hacia el jardín. Tengo algo urgente que decirte, no se lo digas a mi hermano.
El silencio de Enrique es por Blanca, ella murió un día de enero, en un accidente. Regresaba con Enrique de una fiesta en casa de unos amigos, la noche era tan fría como aquel invierno de hace tres años cual los unió. Todo pasó muy rápido, lo único que Enrique recuerda del accidente es a Blanca en el asiento derecho del auto, deseó que ella estuviera bien, sólo eso.
Deseo que ni Dios, ni el destino, ni la vida le concedieron.
El silencio es su manera de estar solo y tú quieres ser su compañía. Él necesita mucho tiempo para sobreponer la pérdida de Blanca, y reflexionar qué hará contigo. Él cree que el silencio se tragará la muerte de Blanca, por eso no te permite pronunciar el nombre de ella, porque a los muertos no se le pronuncia, y mucho menos a los amados.
Y esa es la razón que confirma tu inocencia en todo esto.
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La muerte de Blanca, y yo ni enterada. Traté de conquistar cualidades que devolvieran su voz. Su alma y persona se han llenado de superioridad y arrogancia, llevándome a ser un aburrimiento. Todo este tiempo la que alimentó el amor fui yo, sola, la que alimentó las ilusiones y sueños. La pasión de todo soy yo misma.

La idea de correr, huir tan lejos como pudiese le llegó, pero el abrazo de Juan tenía la fuerza exacta para que Carolina se mantuviese allí, en el pasto húmedo con aroma lavanda. Ese mismo abrazo también tuvo la fuerza exacta para despegar la fotografía de las manos de Carolina, y el mismo pasto húmedo desvaneció la imagen y el mismo viento con aroma lavanda se la llevó tan lejos como pudo.

2 Comments:

Blogger Alguien said...

La historia de un circulo...

10:55 PM  
Anonymous Doris said...

Good post.

5:21 PM  

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